Martes, 18 de Mayo de 2010
Serías tan amable, de decirme,
sin dejar de hacer lo que estás haciendo
si es que puedes estar mas triste…
Mi pregunta suena a morbo,
pero juro que no esconde ironía ni sarcasmo,
muy por el contrario, me importa y mucho
mas de lo que me permitiría mi habitual apatía,
tal vez un poco menos de todo lo que tú me importas.
Quiero saber, sin forceps,
cual es la muerte que te tiene mirándome con esos ojos de adiós,
ya no por ciencia:
por sentir, igual que tú
el corte de sueños que te tiene hecho sangre,
a ver si habría sido espalda de cargarme tus ganas,
a ver si habría tenido las agallas para seguir con vida. Leer más…
Miércoles, 28 de Octubre de 2009
“Eres un poeta del dolor” fue su respuesta inmediatamente posterior a mis vueltas y vueltas virtuales, preguntándome porqué era que no me salía nada, porqué no podía escribir una cabrona linea encantada, si mi vida estaba completa. Fue un balde, no de agua fría, sino de clavos y tachuelas, que no me cayó encima sino hasta pasada la próxima futura nueva pésima emoción. Los decibeles de los aullidos se incrementaron rápidamente. Quedé como mono triste, y ahora si que fue en serio, como si ante mis ojos estuviera quemándose ya no solo mi árbol; la selva completa ardía en llamas, incluso yo… pero no me revolcaba ni intentaba apaciguar el fuego, porque el mío era un fuego contenido, un fuego de hormigas picándome, claro que no tan agradable como la canción de Guerra.
Ante tanta sensación inherente al ocaso, tuve pudor por los insectos, después de todo, ellos no le hacían daño a nadie, salvo los mosquitos, pero esos, fruto de quórum y unanimidad a la hora de votar su exilio, ya no habitaban las llanuras de la comarca marqueciana. De hecho los bichos fueron los únicos que no pululaban de un lado al otro como todo el resto; se quedaron junto a mí, rodeándome, pero no con ese abrazo nauseabundo que precede al ataque, mas bien como peón orgulloso, como mancha y escudo de acero. Leer más…