Sobre las espaldas del amor
Yo no aprenderé jamás a buscarte,
tampoco supe aprender a perderte,
como quien derriba la noche con un grito,
soy leña del último arbol caído en el corazón de la nada,
quizás más lejos
en todo esto me has transformado,
en todo esto me he convertido.
Búscame entonces tú,
no me condenes al exilio de la eternidad,
¡vamos! ¡enciende la oscuridad con tu resplandor,
Hazme fuego otra vez,
enciende de nuevo mi alma y préndela fuego!
