Crónica de la ciudad de Río

En lo alto de la noche de Río de Janeiro, luminoso, generoso, el Cristo del Corcovado extiende sus brazos. Bajo esos brazos encuentran amparo los nietos de los esclavos.
Una mujer descalza mira al Cristo, desde muy abajo, y señalándole el fulgor, muy tristemente dice:
—Ya no va a estar. Me han dicho que lo van a sacar de aquí.
—No te preocupes —le asegura una vecina—. No te preocupes: Él vuelve.

