El que no afana es un Gil
Ya lo decía Discépolo
El miércoles recién pasado presencié un acto ceremonioso y respetuoso, un grito prudente y sabio, de una sociedad que ya sin saber cómo implorar por su velar tranquilo; salió a la calle, hizo bulla y pidió no por ver sangre correr, sino por vivir un poco más paz. Muchos concientes que moran en ciudades como Buenos Aires, Rosario o Córdoba, pero esto ya ha superado cualquier límite, se nos ha ido de la mano.