Cementerio de pueblo

Muy lejos de Santiago, cuando me encontraba hacia la cordillera en aquel lugar de nuestro sur que atesoro con un fervor infantil, y que como todo tesoro que se digne de tal logra darme al menos una modesta imagen de lo que es realmente el arraigo, donde mi bisabuelo formara hace innumerables lustros aquel fundo que llegaría hasta mis días, la tierra de mi madre y donde hoy descansa nuestra matriarca, mi querida abuela, fui, como cada vez que estoy allá, a visitarla a aquel cementerio de pueblo, más bien de campo, que mira al lago, una postal que sólo descubriría, bautizmalmente, el día de su funeral.
Jamás habia recorrido un cementerio, no recuerdo ninguna otra vez haber caminado por alguno imaginando simientes, legados y vidas consumadas, tristezas que no alcanzaron a durar cien años, o abrazos que en un mismo momento se prolongaron hasta perderse en la ausencia. No es lo mío.
Tampoco lo hubiera hecho esta vez. Leer más…