“Con ayuda del cine se pueden tratar las cuestiones más complejas del presente… Pero una y otra vez hay que buscar el camino por el que tiene que ir el cine como arte… el trabajo practico del cine será algo infructuoso y desesperanzado, sino comprendemos la especificidad de este arte, sino encontramos nosotros mismos la llave para abrirla ”
Andrei Tarkovski.
Debo comenzar por hacer una pequeña confesión para aquel que lea estas primeras líneas: Una de las tareas que hago con mayor pesar es ir al cine, no entiendo eso que llaman “cine de autor” o “cine arte”, como si hubiera uno que no lo tuviese pues hasta donde yo sé, toda obra por deficiente y mala que sea posee autor, incluso estas mismas líneas son el resultado de disquisiciones de uno deficiente y aspirante.
No soy de esos que frecuenta el cine Normandie u otro parecido, por lo demás, no se cómo pueden permanecer sentados en esas sillas que destruyen lentamente cualquier tipo de concentración y disposición, terminando por unir el esfínter con el cerebro.
Luego de esta pequeña aclaración necesaria, podría resultar hasta paradójico que intente escribir sobre cine, pues según me enseñaron, no se puede hablar de lo que no se sabe, sentencia con la cual no estoy tan de acuerdo, pues hay experiencias que van desde las místicas hasta las estéticas despertando el mayor interés; a saber; la Etica (el Bien), la estética (la belleza) y la religión (Dios) todos problemas, que emergen de las profundidades del quehacer humano para constituir sentido, entonces, cómo no preocuparme de asuntos de los cuales se ignora por su dificultad para acceder a ellos. Aún así me arriesgaré, pues de lo que no se sabe o no se tiene certeza hay que hablar. Pero también hemos visto la posibilidad del naufragio en el intento de acceder a ellos, así es que, lo más probable sea uno más en la Balsa de la medusa.
Intentare ahondar en el cine, un fenómeno entre tantos otros que nos golpean o seducen, por los que sentimos gusto o displacer, amor u odio. Leer más…
En lo alto de la noche de Río de Janeiro, luminoso, generoso, el Cristo del Corcovado extiende sus brazos. Bajo esos brazos encuentran amparo los nietos de los esclavos.
Una mujer descalza mira al Cristo, desde muy abajo, y señalándole el fulgor, muy tristemente dice:
—Ya no va a estar. Me han dicho que lo van a sacar de aquí.
—No te preocupes —le asegura una vecina—. No te preocupes: Él vuelve.
Con sus aires de cantautor exigente -Joaquin Sabina- que “quiere escribir la canción más hermosa del mundo”, nos sumerge en sus frases muy bien compuestas, en la suspicacia que tiene la elocuencia que encuentra cuando saca a relucir sus pensamientos. Porque la poesía está en todos lados, hoy está hecha canción.
“Eres un poeta del dolor” fue su respuesta inmediatamente posterior a mis vueltas y vueltas virtuales, preguntándome porqué era que no me salía nada, porqué no podía escribir una cabrona linea encantada, si mi vida estaba completa. Fue un balde, no de agua fría, sino de clavos y tachuelas, que no me cayó encima sino hasta pasada la próxima futura nueva pésima emoción. Los decibeles de los aullidos se incrementaron rápidamente. Quedé como mono triste, y ahora si que fue en serio, como si ante mis ojos estuviera quemándose ya no solo mi árbol; la selva completa ardía en llamas, incluso yo… pero no me revolcaba ni intentaba apaciguar el fuego, porque el mío era un fuego contenido, un fuego de hormigas picándome, claro que no tan agradable como la canción de Guerra.
Ante tanta sensación inherente al ocaso, tuve pudor por los insectos, después de todo, ellos no le hacían daño a nadie, salvo los mosquitos, pero esos, fruto de quórum y unanimidad a la hora de votar su exilio, ya no habitaban las llanuras de la comarca marqueciana. De hecho los bichos fueron los únicos que no pululaban de un lado al otro como todo el resto; se quedaron junto a mí, rodeándome, pero no con ese abrazo nauseabundo que precede al ataque, mas bien como peón orgulloso, como mancha y escudo de acero. Leer más…
Trabajadores de mi patria quiero agradecerles la libertad que siempre tuvieron,
la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue interprete de grandes anhelos de justicia.
Seguramente radio Magallanes será callada,
y el mital tranquilo de mi voz no llegará a ustedes, no importa. Superará otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponer…
¡viva Chile! ¡viva el pueblo!¡vivan los trabajadores!
Estas son mis últimas palabras,
y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano.
Cuando los lobos se visten de blanco;
la realidad se propone más violenta e insatisfecha.
Exclama que lo nuestro es su mejor desborde,
exige una buena partida de nosotros sin pensar
que detrás de cada garganta hay un grito
que se expande con fuerza, que transmite poder,
que no se contenta con el espacio de sus pulmones, porque nuestros pulmones siempre son suyos.
Fila para entrar, fila para registrarse, fila para atenderse. Lo primero que dudé fue si las autoridades de turno comprendían la magnitud de la palabra urgencia. Me antecedía una yegua que se desahogaba telefónicamente con algún familiar, por el hecho de tener que desembolsar cinco castañas por la atención. Desde una palmera pública no me hubiera molestado, ni siquiera lo habría notado, pero mi acidez por la tecnología me impidió ignorar que la hembra aquella llamaba desde su frambuerry-toch. Y se quejaba, y se retorcía, mas que los otros animales; me exasperaba con sus exigencias faciales y desaprobaciones visuales, como si sus moscas debieran reinar en todos los espacios.
Fue quizás el preludio del nudo de garganta, justo antes de que me apaciguaran los genios, de que me relajara la cara, de que me estirara el ceño.
La vi sentada en un rincón de aquel laberinto, tenía la boca seca de tanto tragar saliva. Era una pantera anciana que se había dejado las arrugas para recordar el camino de vuelta, para que cuando la muerte la deba encontrar, le pida que la acompañe con la mas solemne de las formas, y no arrebatándole el soplo en un descuido bruto. Su viejo se le había resfriado. Leer más…
…al fin y al cabo pude haberme arrodillado a sus pies y haberlo abrazado llorando y suplicando “ne me quitte pas” pero no era preciso ni muy virtuoso. Me sentía despreciable a ratos, como quien quiere detener el tiempo y retroceder el video casete de cual película era una humorada donde ella podía soñar con lo hermoso que sería, no un caminar de la mano ni jurarse amor eterno porque eso es superficial, sino poder hablar con los ojos, respirar latidos, sentir al igual que el otro…