Los niños se esconden
bajo la escalera de caracol
contando sus historias incontables
como mazorcas asoleándose en los techos
y para los grandes sólo llega el silencio
vacío como un muro que ya no recorren sombras.
Luces que brillan en una realidad nefasta, pintada de gris y de tonos pálidos; aún así le agradecen a la vida por lo que tienen y suplican poder hacerle bien a la gente, que nada los haga seres mezquinos y desalmados.
Hacer listas es algo tan personal que probablemente cada uno tendríamos una; en parte porque los gustos varían, y en parte porque no todos leemos lo mismo (afortunadamente). Precisamente por ello, aunque en algún momento me sintiera tentado, lo cierto es que aquí no se harán listas. Me parece que lo más apropiado -mal que mal acá de eruditos no tenemos nada- es comentar abiertamente, sin órdenes, casi en una conversación de amigos, aquellas en las que siempre recaemos, aquellas obras que por una u otra razón nos atacan, transformándose para algunos en piezas imprescindibles. Leer más…