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La Revuelta Surrealista

En la época en la que el surrealismo reinaba como movimiento artístico y cultural, muchas prácticas emergieron de esta alocada y singular manera de ver y de simbolizar el mundo. Una de ellas, fue la práctica de un juego libre.
Vale recordar que el surrealismo, como movimiento alcanza su auge en los años 20 del siglo pasado; André Bretón, uno de sus fundadores, lo define de la siguiente forma en el manifiesto surrealista.
Surrealismo: “sustantivo, masculino. Automatismo psíquico puro, por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral.”
Crónica de la ciudad de Río

En lo alto de la noche de Río de Janeiro, luminoso, generoso, el Cristo del Corcovado extiende sus brazos. Bajo esos brazos encuentran amparo los nietos de los esclavos.
Una mujer descalza mira al Cristo, desde muy abajo, y señalándole el fulgor, muy tristemente dice:
—Ya no va a estar. Me han dicho que lo van a sacar de aquí.
—No te preocupes —le asegura una vecina—. No te preocupes: Él vuelve.
Viceversa

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verteTengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarteTengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírteO sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.
Drogadicta

…al fin y al cabo pude haberme arrodillado a sus pies y haberlo abrazado llorando y suplicando “ne me quitte pas” pero no era preciso ni muy virtuoso. Me sentía despreciable a ratos, como quien quiere detener el tiempo y retroceder el video casete de cual película era una humorada donde ella podía soñar con lo hermoso que sería, no un caminar de la mano ni jurarse amor eterno porque eso es superficial, sino poder hablar con los ojos, respirar latidos, sentir al igual que el otro…
Dibujantes de sombras

Van y vienen pero nunca los hemos visto, de la nada aparecen trazos de árboles cortados, rejas dobladas y sombras que en algún tiempo vencieron al alto del sol con sus alargadas sombras. Van y vienen, de eso estamos seguros, cuando menos los esperemos ya no habrán más sombras que las creadas por nosotros mismos.
Dostoi
100 palabras no premiadas (8)
Vértigo
Sintió vértigo cuando vio sus palabras, su oscura redacción, sus errores comunes de puntuación y lugares co-munes, todos agrupados y pegados en la puerta del vagón, donde la gente lo tragaba como espirales de una olla que se deshacen en una intrusa cuchara de palo cuando nadie puede verlos. En medio del pánico supo que no podía decirle a nadie, porque ninguno tenía identidad. Y sinceramente no podía distinguir a esas alturas si era él quien sentía lo que sentía. miraba lo que miraba y se disolvía finalmente, para convertirse una vez más la sombra de la sombra de la sombra.
Javier Velasco, Maipú
Estados de ánimo

A veces me siento
como un águila en el aire.
-Pablo Milanés
Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.
Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.
A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
El viaje
¿Pasillo o ventanilla?
La miré a través deñ pequeño circulo que dejaba un vidrio impecable, y al toque le dije:
-Pasillo. Sin mirarme, y con voz chillona me desliza un papel.
-Señorita, su boleto…butaca 25, 23 hs, en 15 minutos, andén 17. Gracias.
Mi pesada mochila al buche del micro, unas galletitas, al mío antes de abordar el micro.
La corbata de los chóferes; ese “falo aplanado”, diría un freudiano, recibiendo imperceptibles roces de sus pálidas yemas; me indican cuatro escalones. Pasillo en penumbras; 21…23…25. El mío por doce horas. Un suave y exquisito aroma a café inunda el ambiente.
Salimos. Con mi brazo izquierdo ocupo buena parte del asiento 24. Hasta que un poncho negro del que emerge una barba tipo candado y una boina “al estilo del Che”, se acomoda junto a mi y su mirada se pierde en el andén.
Siento frío; el chofer habla de desperfectos en la calefacción. Y mi abrigo en la bódega…
100 palabras no premiadas (7)
Estatua
Al medio de la plaza, mi heroico sable apunta la cielo, y no vienen descendientes para hablar de mis hazañas, no se sientan abuelitos a mi sombra, no se acercan colegiales a besarse detrás de mí, los niños no me miran con respeto, no me cagan las palomas, no se acuerdan de mi nombre.
¡No me hagan ceremonias! ¡No me vengan con ofrendas! ¡No quiero ningún discurso! En mi vida salvé a nadie, ni siquiera soy de bronce. Sólo espero que caiga otra moneda para moverme y desentumecerme el caracho, tieso de pintura.
Marcelo Gacitúa


