De Repente
De repente aparece lejano en lo profundo de mi oído las notas de su guitarra. Son acordes añejos, inocentes, no tan pulidos, pero suenan bien. No hay líricas que acompañen las melodías, sin embargo la intención es tan clara que las letras no se echan de menos.
Cuando el cuarto de segundo que dura ese recorrido (por los tiempos viejos) colapsa sobre sí, ya no escucho su guitara, lo noto ocupado (pero feliz), lo siento decidido y organizado, pero sobre todo lo noto lejos, lo suficiente como para creer que el hecho de no escuchar mas que acordes ficticios no se debe a la mera casualidad.
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