El viaje
¿Pasillo o ventanilla?
La miré a través deñ pequeño circulo que dejaba un vidrio impecable, y al toque le dije:
-Pasillo. Sin mirarme, y con voz chillona me desliza un papel.
-Señorita, su boleto…butaca 25, 23 hs, en 15 minutos, andén 17. Gracias.
Mi pesada mochila al buche del micro, unas galletitas, al mío antes de abordar el micro.
La corbata de los chóferes; ese “falo aplanado”, diría un freudiano, recibiendo imperceptibles roces de sus pálidas yemas; me indican cuatro escalones. Pasillo en penumbras; 21…23…25. El mío por doce horas. Un suave y exquisito aroma a café inunda el ambiente.
Salimos. Con mi brazo izquierdo ocupo buena parte del asiento 24. Hasta que un poncho negro del que emerge una barba tipo candado y una boina “al estilo del Che”, se acomoda junto a mi y su mirada se pierde en el andén.
Siento frío; el chofer habla de desperfectos en la calefacción. Y mi abrigo en la bódega…
A mi lado, el poncho rojo con una navaja, le hace un tajo…y me lo pasa suavemente por mi cabeza.
Quiero agradecerle, no sé cómo, busco su mano. Me mira y me penetra con sus ojazos negros (¿Será Rasputín?). Y me sonrío…listo…conectados.
Mi corazón, si no fuera por el esternón y las costillas estaría rebotando contra el respaldo del asiento de adelante.
Siento su mano suave reptar por debajo de mi blusa, directo a mi arete derecho. De circulos delicados pasa a como contar billetes.
Claro, mis pezones se multiplican. Al izquierdo, sólo le basta el roce con la blusa.
Reclinados cabeza a cabeza, sosteniendo suspiros juego a ser libre. Sin prejuicios, sin preguntas, levitando.
Si me viera mi madre. Un poncho con dos cabezas. Abajo adrenalina…
A esta altura me siento húmeda, atrayendo al macho en celo.
El viaje recién empezaba. Solo el protector detuvo el avance del tsunami íntimo. Ya flotando en el camuflaje del poncho. Se esfumó la amarga abstinencia. El terciopelo de su piel imitaba a esa mano descendiente anciosa de descubrir el monte, la húmeda caverna y el timbre terso, delicado…
Embargados en la discusión en que el tiempo y el espacio desmaterializa los cuerpos, en ese instante fuimos uno en el universo infinito.
Daniel
Imagen: flickr/falutx`s
