Miércoles, 27 de Mayo de 2009

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer. Leer más…
Lunes, 25 de Mayo de 2009
He quedado mucho tiempo delante de esta puerta de iglesia. Tendrá esta puerta de catedral ocho o diez metros de alto y cinco de ancho; la hicieron para que dejara pasar anchamente las multitudes. El alerce tiene una barnizada sombría que fraterniza con las piedras tristes, con las piedras austeras y anchas de la Catedral toda, con las naves heladas, con las figuras dolorosas de los altares.
Fue tallada totalmente, de extremo a extremo, y la hizo el artífice con una suavidad y una delicadeza que hace olvidar el leño y pensar en los materiales más dóciles: las plasticinas, los encajes. Cien mil figuras enlazadas: motivos florales y humanos, hojas que se enlazan, semblantes seráficos, ni rígidos ni blandamente graciosos, porque la rigidez no es cosa del misticismo católico y la gracia es siempre sensual.
Mirando esta obra inmensa, hecha para los siglos, como todo lo que hacían las generaciones anteriores a nosotros, pienso en el tiempo que fue necesario para entregarla.
Quiero imaginar a un solo obrero, porque el trabajo individual ennoblece más la obra que el de un grupo, el de una muchedumbre. ¡Qué lentamente iría avanzando ese obrero nobilísimo! Tal vez comenzó la puerta en un día de esta primavera mexicana, luminosa hasta el resplandor; tal vez la madera que le entregaron tenía la fragancia vegetal de que está traspasado el trópico.
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Sábado, 23 de Mayo de 2009

Amor mío: guárdame entonces en ti
en los torrentes más secretos
que tus ríos levantan
y cuando ya de nosotros
sólo que de algo como una orilla
tenme también en ti
guárdame en ti como la interrogación
de las aguas que se marchan
Y luego: cuando las grandes aves se
derrumben y las nubes nos indiquen
que la vida se nos fue entre los dedos
guárdame todavía en ti
en la brizna de aire que aún ocupe tu voz
dura y remota
como los cauces glaciares en que la primavera desciende.
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Viernes, 22 de Mayo de 2009

Cada vez más basura. Ya se escribió de todo, ya se mandaron cadenas de mails, ya se hicieron películas, series, cómics… ¿qué estamos esperando? ¿Quedar sepultados bajo una gran montaña de plástico?
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Jueves, 21 de Mayo de 2009

Cuando encontramos en los argumentos de una película poesía, no nos queda otra que abrir nuestras almas y dejarnos cautivar por el guión.
La película que les recomiendo esta semana, es de esas que contando una historia simple nos llena de emociones. Un film erótico, capaz de despertar nuestra fantasía pero sin copiarle a ningún imaginario colectivo, es decir sin los prototipos de sensualidad.
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Miércoles, 20 de Mayo de 2009

Cuando uno se enamora las cuadrillas
del tiempo hacen escala en el olvido
la desdicha se llena de milagros
el miedo se convierte en osadía
y la muerte no sale de su cueva
enamorarse es un presagio gratis
una ventana abierta al árbol nuevo
una proeza de los sentimientos
una bonanza casi insoportable
y un ejercicio contra el infortunio
por el contrario desenamorarse
es ver el cuerpo como es y no
como la otra mirada lo inventaba
es regresar más pobre al viejo enigma
y dar con la tristeza en el espejo.
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Martes, 19 de Mayo de 2009

En el andén
Suspiró y extendió la mirada por los techos planos de las casas. La luz del día se extinguió lentamente, mientras pasaba las estaciones una a una repasó lo que le diría.
Había esperado años para enrostrarle el abandono y la tristeza a la que lo condenó.
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Lunes, 18 de Mayo de 2009

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría
“Defensa de la Alegría” – Mario Benedetti (1920 – 2009)
Sábado, 16 de Mayo de 2009

Nos jactamos de ser país de poetas y escritores y no hemos hecho más que demostrarlo y ratificarlo con las letras que por concursos actuales encontramos en diferentes lugares de nuestra loca geografía.
Aún nos cuesta un poco darle sentido a lo nuevo, que deje de ser under y pase a ser parte de nuestras lecturas cotidianas. Pero rescatando entonces nuestra historia, nos encontramos con la primera poetisa de Chile que logró el mérito de un Nobel. Me refiero a Lucila Godoy Alcayaga alías Gabriela Mistral, quien en el año 1945 obtuvo el ya nombrado reconocimiento.
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