Feedback

Ahí me tuvo, una vez mas, dejándome en silencio, increpándome duramente por preferir llegar a un cerrado circulo elitista en vez del folclórico y honesto verso empolvado, ese que sazona el humo de las micros, el helado de cien pesos, el abrazo en la fuente de soda, la marraqueta con margarina y el grito de gol dominguero en la cancha de tierra del barrio.
Recuerdo que le dije que debíamos hacer de café (como le decimos abreviadamente) un sitio purista, apegado a lo que el real significado de la literatura y las artes implican, respetando los márgenes, los espacios, las ortografías, las referencias, los respetos…
Me miró con cara de bicho raro, y mientras dejaba por un momento de lado el joystick de la consola de juegos en boga, me preguntó si era estúpido o qué.
Me preguntó que cómo se me ocurría que un tipo como él iba a permitir otro museo al que no entrasen los pendejos (no por norma, sino por que a los cabros chicos no le gustan los museos), o si acaso quería que se me pasara la vida citando “güevones”, reciclando ideas.
Ahí me tuvo, una vez mas, dejándome en silencio, increpándome duramente por preferir llegar a un cerrado circulo elitista en vez del folclórico y honesto verso empolvado, ese que sazona el humo de las micros, el helado de cien pesos, el abrazo en la fuente de soda, la marraqueta con margarina y el grito de gol dominguero en la cancha de tierra del barrio.
“También hay historias buenas para el barrio alto, pero esas tramas son mejores para las películas de estafas o de acción. Hay mas plata que lavar y mas autos para romper.”
Ahí tuvo su feedback otra vez, él versando porque piensa que escribir es mas importante que leer, y yo citándolo porque es un “güevón” que tiene la boca llena de razón.