Elegía

Y, después de todo, no fue sino un momento más, un contratiempo, algo que está entre dos silencios.
Y, después de todo, no fue sino un momento más, un contratiempo, algo que está entre dos silencios. Y no miento si digo que en un momento vi parpadear la imagen del encuentro con un yo más pleno y reposado, aquel que conoce dónde está el sentido de las cosas, aquel que refleja un par de hijos y una vejez ejemplar, tal vez alguna pena, pero opacadas por la indiferencia hacia su especie. Fue cuando aquel abrazo me hizo pensar que toda una vida de coincidencias, de pensamientos simétricos e isocrónicos, no daba lo mismo: hay caminos que parecieran sólidos dentro de toda la maraña circunstancial que nos trajo a este abrazo somnoliento, inminente e inapelablemente sorpresivo y esperanzado que me sorprendió precisamente una imagen antes de que me percatara de su llegada. Fue cuando traté de dormir, comprendiendo que, en primer lugar, la vida nos deleita con sus ironías, y, en segundo lugar, que no se puede ser feliz sin sacrificar algo. Fue cuando la empecé a acariciar deseando íntimamente un presente perenne y un sueño inconsciente e inapelable. Ninguno se cumplió.
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Imagen: Plinio.!