Summum ius, summa iniuria
© Jared
En el mundo occidental tu día a día depende (casi con total seguridad) de internet. Tu trabajo, tus compras, preparar tus viajes, comprar tus tickets de avión, etc.
¿Compras periódico o lo lees online? ¿Escribes cartas o e-mails? ¿Usas MSN o Facebook para mantener contacto con tus amigos?
Bienvenido, querido lector, a la sociedad digital en la cual la libertad de información y de expresión son difícilmente posibles en ausencia de conexión a la red. Bienvenido al mundo en que ser expulsado de internet equivale a ser enviado al Vacío.
El día 17 de diciembre, los diputados Guillermo Ceroni, Rodrigo González, Jorge Insunza, Tucapel Jiménez, Marco Antonio Núñez, Jaime Quintana y Ximena Vidal presentaron un proyecto de ley que denominaron “Protección de la creación en Internet” (Boletín 6280-12), el que propone incorporar una norma nueva a la ley de propiedad intelectual:
“Las personas o abonados que descarguen de Internet archivos que infrinjan las disposiciones de la presente ley, sin perjuicio de las demás penas señaladas, estarán sujetos a la suspensión de su conexión a la red, de entre tres meses y un año.”
A mediados de siglo, un político alemán, frente a aquella legalidad oscura que comenzaba a dar poder a quien en definitiva desencadenaria la Segunda Guerra Mundial, visionariamente dijo: “Permitir una injusticia significa abrir el camino a todas las que siguen”.
Hace sólo algunos días comentabamos el peligro tremendo que implica exacerbar ciertos derechos hasta límites irracionales. Hoy aparece una cara nueva pero no menos preocupante: exacerbar las sanciones. Les pregunto, ¿cuántas conexiones a internet tiene su hogar (independientemente del número de computadores, ojo)? La respuesta casi universal no es sino 1 (una). Ahora bien, ¿cuántas personas usan aquella conexión? Respuesta: varias. ¿Qué ocurriría si por aquello que hice yo personalmente se ve afectado tanto mi Padre como mi Madre o mi Hermano, ya sea en lo laboral o en sus deberes académicos? Lo cierto es que la sanción se degenera, llega más allá de donde debe: summum ius, summa iniuria, como diría alguien hace más de 2.000 años, suficiente tiempo como para saberla más que de memoria: la aplicación misma de la ley puede convertirse en la mayor forma de injusticia.
La piratería ES UN DELITO, en eso estamos todos de acuerdo. En lo que no podemos estar de acuerdo son los rumbos que esta tomando su protección. Sin ir más lejos pareciera que lo importante no es el desarrollo y fomento de la creación artística, literaria o científica, sino la protección de modelos anacrónicos: el propio proyecto referido dice, textual:
“Que, además de sus consecuencias sobre los soportes físicos tradicionales, hoy la cultura de la piratería constituye uno de los principales obstáculos para el desarrollo de la oferta de creaciones intelectuales en nuestro país”
¡Por favor! ¿Acaso es un deber del ordenamiento jurídico el dar protección a los soportes físicos tradicionales? ¿Acaso un Cassette, CD o DVD son sujetos de derechos? Por otra parte, decir que porque se piratea el desarrollo de la oferta de creaciones intelectuales en nuestro país se ve afectado no es sino una reducción y una simplificación excesiva, caricaturezca. Ni todos los delitos o sanciones del mundo, ni aún las penas del Infierno, van a hacer jamás que alguien escriba una novela.
Perfeccionar una legislación no es fácil, más bien todo lo contrario. Ir copiando ideas a rajatabla, o recurrir a la legalidad oscura NO son el camino. Ahora, si sancionar a un culpable implica, cual bomba de racimo, pasar a llevar a 2, 3 o 4 inocentes, ello simplemente es inaceptable. No hay que olvidar que la obra maestra de la injusticia es parecer justo sin serlo.
Fuente: quemarlasnaves.net
Imagen: Jared