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La esencia del papel

Viernes, 5 de Diciembre de 2008 Dejar un comentario Ir a comentarios

Hasta hace poco tiempo, la forma más recurrente de dejar plasmadas las letras era con el medio más básico, rudimentario y fiel: Papel y lápiz bastaba para que los escritores fueran desenvolviéndose sobre la celulosa.
Hoy en día, con la incorporación de las nuevas tecnologías, las letras son en su mayoría escritas en el computador, ahí se guardan los archivos que talvez con suerte serán publicados en libros o ante los nuevos recursos que brinda internet, como el blog o una página web.


Cabe preguntarse si esto no minoriza la esencia del escritor, voy a la tangibilidad de su puño y letra, es decir tocar ése papel, sentir que el otro lo tocó antes también y que talvez aún guarde el olor de  quien lo escribió.

Todavía me asombra como las nuevas tecnologías van dejando atrás ciertas cosas simples pero esenciales. Antes mandábamos cartas que en su comienzo demoraban en llegar, por ende quien escribía debía contemplar que el mensaje no debería caducar en poco tiempo, sino y por sobre todo ser perdurable…a ésa esencia me refiero cuando rescato el papel y la letra, saber que el otro estuvo en contacto con esa materialidad tangible, que ahora simplemente escasea.

Lo mismo con las fotos digitales, antes nos remitíamos a sacar a lo sumo treinta y seis  en una cámara de uso doméstico y las administrábamos, no sólo en la instancia que creíamos eran momentos que debían ser rescatados en un futuro y que con la foto lo mantendríamos, sino que ahora sacamos miles y miles, compramos tarjetas de memoria de la mayor cantidad de gigas para almacenar aún más y de mil que podamos sacar, a veces el presupuesto sólo alcanza para revelar la mitad y con suerte.

Lo dijo Luca Prodan “pasa el tiempo y nos vamos poniendo tecnos”, espero que sepamos rescatar lo que no tiene transcendencia de lo que sí tiene, espero que podamos darnos el trabajo de escribir una carta y mandársela a un destinatario que se sorprenderá de recibir en estos tiempos de mano del cartero algo que no sea una cuenta a pagar; ojala que no perdamos lo esencial, que demos cuenta de que si bien los medios actuales nos sirven para mantenernos más contactados y más unidos, nunca viene de más una foto en un sobre con una carta dedicada no sólo al destinatario sino que también en el tiempo que la producción significó.

Recordemos que por más íconos emotivos que puedan ofrecer las nuevas tecnologías, no hay nada que iguale saludar al otro con un pequeño mensajito pegado en el refrigerador, puesto sobre la mesa, o debajo de la almohada. Aún nos queda mucha tinta, mucha pasta, mucho papel que reciclado y renombrado puede volver a esos tiempos en que la ansiedad de aguardar un mensaje se convertía en una dulce espera que luego se compensaba con el premio de poder “tocar” a quien nos quiso decir un “te quiero” un “te extraño” o un “nos vemos pronto”.


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