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Diabla Inquisición

Domingo, 30 de Noviembre de 2008 Dejar un comentario Ir a comentarios

Históricamente siempre han existido los inhumanos de turno. No hace mucho que nos desayunamos con las imágenes de prisioneros de guerra en Irak o con cajeras de supermercado usando pañales, pero en realidad, no es que no supieramos que ello ocurría, sino que nos es más llevadero el día a día sin mortificarnos tan seguido por hechos sobre los cuales no tenemos ni el más mínimo poder directo.

Sin embargo, de cuando en vez, damos por ahí de rebote con algún documento vertebral de nuestra ‘histeria’ universal que nos provoca una extraña sensación, la de sentir esa vergüenza que heredamos vía ADN, como para no olvidar lo retorcido que un humano puede llegar a ser cuando la tierra y el abono son los trágicamente necesarios.

La Inquisición consistió en políticas de represión para eliminar la herejía, y sus primeras luces  como un sistema organizado,  se vieron iniciado el siglo XII  pero su desarrollo máximo y más cruento apareció siglos más tarde, a finales del 1400, a manos de la monarquía española, que mediante acuerdos con el Vaticano, logró obtener diabólica “santa autorización” para castigar a todo aquello que fuera catalogado de sacrílego.

Mas allá de lo monstruoso de este capítulo del catolicismo, lo que más llama la atención (al menos personalmente) es primero, la manipulación de pasajes de la biblia a tal punto, de modo que el mismo libro sirviera para justificar crímenes cien veces más horrendos de los que en teoría había cometido el inculpado, lo cual nos lleva fácilmente a cuestionar cuáles son los hechos que en la actualidad condena la iglesia, y que tanto se sorprenderán las futuras sociedades de su intervención en el siglo XXI; y segundo, los protagonistas monarcas de la Inquisición jamás habrían sido tan exitosos en su satánica divina misión sin la inventiva e ingeniería que requirió la fabricación de innumerables artefactos, los que como objetivo único tenian el sufrimiento extremo.

Cuesta creer en la iglesia, aunque la procesión sea interna y uno crea en Dios (el de los Cristianos)  aún sabiendo que la constitución religiosa de occidente (la biblia) no es puede no ser copia fiel de lo que en realidad ocurrió. Difícil es dejar de lado hechos como los que vivió Europa durante esos años, y caer de bruces en el idílico relato de vida eterna que nos entrega ese tipo de fe, al igual que muchos otras.

A ratos da la sensación de que podríamos recordárselo más seguido a los que continúan la obra moderna de la iglesia medieval, y ojo, acá no hablo de ir a increpar al padre pobre de pueblo inaccesible o de enrostrarle al primer católico que pase por la calle lo errado que puede ser prohibir la entrega de una píldora en teoría abortiva, porque ni el primero tiene injerencia alguna en la administración medular de la bandera que representa, ni evitar la circulación de una pastilla,  es una reacción que demuestre amor desmesurado por la vida; no mezclar peras con manzanas y aún así tener la capacidad de mantener la memoria intacta, la que mal que mal, nos hace mujeres y hombres (dicen).

Mas allá de todo análisis personal que querramos hacer, la pregunta medular que queda circulando es… ¿Hoy, en este minuto, habrá un ser humano sufriendo los embates de alguno de estos inventos medievales?. Porque la convención de Ginebra, como bien se menciona en el fragmento de reportaje emitido por The History Channel, lejos de reducir estos actos vergonzosamente terrestres, solo los obligó a cubrirse con la clandestinidad. ¿Usted que dice?.


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