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Entradas Etiquetadas ‘Julio Cortázar’

Encargo

Lunes, 3 de mayo de 2010 Sin comentarios

No me des tregua, no me perdones nunca. Hostí­game en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que vuelves. ¡No me dejes dormir, no me des paz! Entonces ganaré mi reino, naceré lentamente.

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Aplastamiento de gotas

Domingo, 7 de marzo de 2010 Sin comentarios

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Continuidad de los Parques

Miércoles, 27 de mayo de 2009 Sin comentarios

Habí­a empezado a leer la novela unos dí­as antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerí­as volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capí­tulos. Su memoria retení­a sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando lí­nea a lí­nea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguí­an al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirí­an color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no habí­a venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latí­a la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corrí­a por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentí­a que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada habí­a sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tení­a su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpí­a apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer. Leer más…

Nadie lo hubiese dicho mejor

Domingo, 10 de mayo de 2009 Sin comentarios

Muy certeramente escribió alguna vez Julio Cortazar:

La coma, esa puerta giratoria del pensamiento

Imagen: flickr.com/photos/bto_ortiz

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Toco tu boca…

Lunes, 20 de abril de 2009 1 comentario

Te debí­a unas palabras Julito

Lunes, 23 de febrero de 2009 Sin comentarios
© cafeliterario.cl

© cafeliterario.cl

De mi pasaporte me gustan las páginas de las renovaciones y los sellos de visados redondos / triangulares / verdes / cuadrados / negros / ovalados / rojos; de mi imagen de Buenos Aires el transbordador sobre el Riachuelo, la plaza Irlanda, los jardines de Agronomí­a, algunos cafés que acaso ya no están, una cama en un departamento de Maipú casi esquina Córdoba, el olor y el silencio del puerto a medianoche en verano, los árboles de la plaza Lavalle.
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Si yo fuera cineasta me dedicarí­a a cazar crepúsculos

Sábado, 17 de enero de 2009 Sin comentarios

Imposible predecir el destino de mi pelí­cula, la gente va al cine para olvidarse de sí­ misma, y un crepúsculo tiende precisamente a lo contrario, es la hora en que acaso nos vemos un poco más al desnudo, a mí­ en todo caso me pasa, y es penoso y útil; tal vez que otros también aprovechen, nunca se sabe.

Julio Cortázar, Cazador de Crepúsculos