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¿Viste cómo hablamos?

Sábado, 3 de enero de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios

No… la verdad es que nunca vi cómo habla alguien. Siempre escuché.

Prestando atención a nuestra manera de hablar, no puedo hacer más que reirme de las incoherencias que decimos a cada minuto. Pero son incoherencias totalmente aceptables en el lenguaje oral… ni siquiera llegamos a terminar algunas frases, pero los demás igual nos entienden.

Muchos estudiosos han hecho su propia distinción entre el “lenguaje primario” y el “secundario”, incluyendo al oral en la primera categorí­a. Claro, es básico; alguien que no sabe leer ni escribir puede hablar, ya lo sabemos todos. Pero hay que saber hablar… porque otra cosa que también sabemos todos, es que el lenguaje y el pensamiento van de la mano; se enriquecen mutuamente. Por ello, alguien que usa el lenguaje de manera atractiva, original y correcta, nos resulta más creí­ble. Y no es que digamos: “ah, MIRí que bien lo dice, cómo sabe usar el objeto directo”; decimos: “MIRí cómo sabe”.

Así­, alguien nos puede estar diciendo nada, absolutamente nada, y nosotros creyendo que somos demasiado ingenuos para comprender la profundidad del mensaje… y yo digo: la ingenuidad pasa por otro lado; pasa por escuchar con los ojos.

Pierre Bourdieu, sociólogo y filósofo francés del S.XX, fue uno de esos estudiosos. “Si lo dice bien, es probable que sea cierto”, escribió. Además elaboró la noción de “mercado lingí¼í­stico”, donde el discurso es una mercancí­a que se cotiza según cómo se use; quienes sean más competentes, tendrán más posibilidades de lograr el efecto deseado. Podemos decir lo mismo de mil maneras distintas, pero hay que ver cuál es la más eficaz, cuál es la que permite “vender” un discurso y no otro. Entonces, el contenido deja de ser lo más importante, no para darle paso a la forma, pero sí­ para entablar con ella una relación dialéctica.

Hay que enseñar el lenguaje oral. Pero, ¿cuál lenguaje oral?, me pregunto con Bourdieu. El que se aprende leyendo. í‰sto no quiere decir que un analfabeto no pueda tener claridad de pensamiento, basta con recordar a Sócrates; pero es más probable que, estando en contacto con el lenguaje secundario, el primario conozca más recursos. Es probable que, escuchando con los oí­dos, y viendo con los ojos, podamos pensar con la cabeza.

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