Lucí­a

Martes, 16 de diciembre de 2008 Dejar un comentario Ir a comentarios

Todas las mañanas despierta pensando en los niños. Para quitar los rastros de la noche lava bien su cara, mucha crema para esa piel dura. Un café doble cargado con bastante azúcar para levantar esa resaca mientras el nudo de la garganta no la deja comer ni una galleta, ni de ésas de agua.

-De noche se la come entera – así­ me contó Arturo.

Lucia de noche se viste de flores, le encanta el violeta, cree que le hace juego con los ojos.
Anoche estaba,
Estaba re loca, re dura, re pasada, re limada, re…

Me tomó de la cabeza por detrás y me la llevo a su mejilla,
 -hola linda- me dijo, dame un poco de tu pelo; ahí­ las dos nos reí­mos de  las dos, ella con sus ganas sentir más como  mujer, yo con mi orgullo de haber aprendido a sentirlo.

Lo miraba a Arturo y le contaba que la noche era joven, que a las cinco de la mañana aún no es ni mitad de jornada, -faltan que vengan los chicos del after a esos le encanto- y largaba más y más carcajadas, y abrí­a mucho su boca, como entrenando, como tomando posición de lo que hace.

Todas las mañanas despierta pensando en los niños Guillermo, después del habitual procedimiento para no dejar rastros, les prepara el desayuno a sus tres sobrinos, y sale por el barrio saludando a los vecinos, algunas lo miran con cara de asco, otros en cambio con muchí­sima complicidad.

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