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Todos los derechos reservados (próximamente los izquierdos)

Viernes, 12 de diciembre de 2008 Dejar un comentario Ir a comentarios

Anticipo que todo lo escrito en este articulo no representa necesariamente el pensamiento de cafeliterario.cl y que soy pleno responsable de este. Voy.

Debo admitir que tengo todo un caldo de cabeza con el asunto de los derechos de autor y la constante preocupación que eso significa al momento de poner a disposición del mundo algo que se me ocurrió escribir, conflicto que por supuesto también está a la hora de citar el trabajo de otro.

Si bien en cada paí­s existen normas que rigen los derechos que uno adquiere tras la autorí­a de cualquier obra intelectual, no es la intención entrar a explicar en tecnicismos lo que ya nos es poco claro aún hablando en términos cotidianos, sino hacer un paréntesis para lanzar ideas sobre la mesa sobre cómo es que siendo un cliente más del mercado mundial, estoy cada vez mas cerca de ser un delincuente que un pobre ciudadano que no sabí­a lo que hací­a.

La peli, la foto y el bendito eme-pe-tres

Hace un par de meses escuchaba a Quique Neira (ex Gondwana) hablar en un programa de cable sobre quienes realmente deberí­an pagar las bajas ganancias millonarias pérdidas que afectan a la familia del rubro musical. Proponí­a que las empresas distribuidoras de Internet cancelaran a la industria un porcentaje de sus ganancias por cada conexión que existiese, y así­ se liberaba a los usuarios finales de cometer un delito. Interesante propuesta pensé, salvo porque al igual que muchas de las ideas que proponen una solución simple, su ejecución tiene aristas en extremo propensas a convertirse en astillas, que generalmente terminan en tu bolsillo y en el mí­o.

En primer lugar, pensar que todo el mundo tiene una conexión a la red sólo para bajar archivos con copyright es tan iluso como creer que nadie lo hace, sin embargo existen posturas como las que propone el señor Neira que lamentablemente nos llevarí­an de una clandestinidad a otra. Sin ir más lejos, en España cada grabador de discos, disco compacto o DVD virgen, debe pagar un impuesto por si es que grabas algo que no adquiriste por las buenas, iniciativa que por supuesto, estuvieron atentos a copiar en lo inmediatamente posible todos los arcaicos cerebros de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor. Talvez cayendo en la exageración, también serí­a bueno que la SCD y sus secuaces pagaran impuesto por cada vez que toquen una guitarra u ocupen una frase célebre en sus canciones, mal que mal, ni idea ni obra suya han sido. Quién sabe si la letra que el Mago de Oz copió de la canción de Ubiergo nació realmente en su cabeza, se las dijo un amigo en una noche de borrachera, o se encontró un cuaderno en la calle con cartas de amor destinadas al olvido. ¡Un poco de sensatez por favor!

Por otro lado, si nos olvidamos de ponerle impuesto a cuanta cosa pueda guardar información (canon), podrí­amos hacer como que somos los culpables absolutos de lo que hacemos circular por Internet: persigamos a la abuelita que bajó música, démosle una pena ejemplar y así­ les metemos miedo a todos los que se enteren, y fijo que todo el mundo baja menos pelí­culas, fotos, archivos de audio, etcétera; y de paso bajan las ventas de insumos Sony, pero suben las ganancias de Sony Music… Ah, pero, se nos viene un problemón, porque los discos ví­rgenes le dejan bastante más dinero que la venta de música, entonces, busquemos de nuevo como podemos hacer subir las ventas de insumos… ¿Se les ocurre algo?. Dudo profundamente que cualquiera de nosotros tenga en casa las herramientas para la fabricación de un DVD virgen, entonces, no es acaso como darle la pena máxima al drogadicto desesperado y dejar impune al traficante.

La proyección de Internet para Latinoamérica en el 2010 bordea el 33%, superando este mismo año los 150 millones de usuarios. ¡Ciento cincuenta millones de usuarios! ¿No se les ocurre ninguna forma de reinventar su mercado?. Respuesta simple y ejecutable al tema: arréglenselas entre ustedes y no nos traspasen los costos. ¿Demasiado simple para ser verdad? Para nada, pregúntenle a Google, que ya lo ha hecho con el correo, los blogs, los videos, las agendas, los respaldos… no debe faltar mucho para que lancen el Google MIK (music industry killer).

En cuanto a los libros la situación cambia un poco. Los computadores e impresoras se han encargado de facilitarnos el trabajo al momento de falsificar acceder a un libro. El tema es que ya nadie lo hace. A diferencia de los archivos audiovisuales, los libros son bastante menos populares y al parecer tienen un público enano en número pero fiel. Si han intentado leer un libro online, podrán coincidir conmigo en que es lejos el ejercicio mas agotador al que podemos enfrentar nuestros ojos (después de ver Wanted). A la cuarta página no solo tienes hecha bolsa las corneas sino que el dolor de cabeza puede haber pasado a segunda base. Ahí­ es cuando decides comprarlo o “hacer una copia de seguridad” del ejemplar de tu amigo, pero si el libro te enamoró, difí­cilmente puedas seguir viviendo tranquilo sin una versión original (pero esto da para una extensa investigación).

A esta altura, y con lí­mites tan retrógrados de lo que es el derecho que se tiene por la autorí­a de cualquier cosa, puede que en un futuro no muy lejano tengamos una nueva Babel en el mundillo discográfico, y ya nadie hable el mismo idioma, o lo que es peor, la mezcolanza de lenguas sea a nivel de usuario final, lo cual asusta, y un montón.

Serí­a mejor decir “todos los derechos exacerbados”, porque darle más vida a esta forma arcaica de respetar las ideas sólo conduce a la confusión extrema, y probablemente terminemos pensando que lo que dice Wikipedia es la verdad. Confieso que espero con ansias el Google MIK.

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