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Eres un arco iris de múltiples colores…

Viernes, 5 de diciembre de 2008 Dejar un comentario Ir a comentarios

Se acerca fin de año y como siempre, Valparaí­so es considerado como una de las primeras y mejores opciones para disfrutar de esta fecha. Si bien los fuegos de artificio que iluminan los más de 20 kilómetros de costa es la atracción protagonista, el puerto principal nos entrega todos los dí­as del año una magia urbana que sobrepasa en brillo a los cerca de treinta minutos que arden las luces reflejándose en el mar a las 24 horas del dí­a 364.

Valpo (para los amigos) no resiste mucho análisis. Como lo harí­a una pintura magistral o un libro exitoso: lo amas o lo odias, pero jamás provocará indiferencia. Sus murales, los versos escritos en las aceras emulando huellas, los restaurantes llenos de historias (en su mayorí­a callejeramente tristes) y quizás cuantas articulaciones ocultas mas de una ciudad que se autoretrata como el patito feo perseverante, que se maquilla a diario para quienes gustan de una belleza no convencional de las calles y que no buscan las palmeras plásticas ni las playas siliconadas tan bien relatadas en uno de los cuentos de Valparaí­so en 100 Palabras versión 2004.

…Da servicio a quien lo quiera: estibadores, estudiantes, borrachines, jubilados de la Plaza Echaurren e incluso soporta a los pseudopoetas que vagan por las aceras. Valparaí­so no aparenta, es como es. Si no te gusta, puedes irte con la puta de al lado.


Este estracto de Honesto y Generoso escrito por Rinaldo Vidal (Puerto Varas, Chile), nos hace partí­cipe de la verdad de Valparaí­so, del contraste adyacente y de como es que, con municipios morosos y conflictos polí­ticos, logra mantenerse indiferente a su vecina, e imparcial a las modas de turno, acogiendo a cuanto forastero le quiera conocer, reconocer, encontrar un amor one night only, dárselas de poeta, o enamorarse de él y quedarse a vivir de por vida.

Es por eso, mas allá de los fuegos artificiales, le recomendamos que además de llenarse de emoción y luego largarse de vuelta a su casa (la del colectivo, se llena y se va), guarde ganas (si la resaca se lo permite) para verlo de dí­a y redescubrir que sigue siendo tan bello y envolvente como la noche de año nuevo.

Fotos: Camila Vieyra


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