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Maldita Bendición

Miércoles, 28 de abril de 2010 Dejar un comentario Ir a comentarios
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flickr.com/circo_de_invierno

Yo… yo no darí­a nada por ti,
es más, creo que mis ganas no rozan siquiera el borde de lo anormal,
no te pienso a cada momento,
ni contento ni lerdo me pone tu presencia,
ni me invade la indecencia al ver el final de tu escote,
los brotes de arrebatos nunca llegan a su edad adulta,
y la pulpa del deseo jamás alcanza el espesor requerido…

Como es entonces que debo volver a ti,
¿Resentido? ¿Por esencia? ¿Por consuelo?
Solo letras errantes de mí­ puño tu has sabido,
no me has visto idolatrarte ni mecerte
ni en el altar de mis pasos, ni en mis brazos condenados,
y aun así­ te paras de frente,
Poniendo la mejilla ante el voraz alcance de mi furia…
¿Como no compadecerme? ¿Como no sentir pena por los futuros truncados?

Azulado me encontró la tarde,
haciendo patria en nombre de un satélite foráneo
soplando velas de madera, inhalando aires
de grandeza extraviada,
malcriada mi raza, aturdió mis juventudes con sus miedos,
me hizo a mi un miedoso, rehizo en mi su estirpe,
cual fusil averiado se cargó en mi hombro,
y de mi pecho obtuvo el coraje para no tenerlo.

Dicen que me han visto reí­r,
(casi todos los dí­as, casi a cada hora)
sin embargo, debo alegar a mi favor casi nada,
solo, quizás que me debo a la tinta
tal y como tú te debes a los fracasos.

No darí­a nada por ti;
darí­a todo, absolutamente todo porque desaparecieras
sigilosa y completamente,
aun así­ me quedara sin halagos
(de los someros y los de alma),
porque cada vez que te encuentro
viva como carne rosa,
tu me encuentras rendido,
muriendo,
suplicándote en tu idioma que te vayas para siempre.

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