Drogadicta

Viernes, 2 de octubre de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios

drogadicta

…al fin y al cabo pude haberme arrodillado a sus pies y haberlo abrazado llorando y suplicando “ne me quitte pas” pero no era preciso ni muy virtuoso. Me sentí­a despreciable a ratos, como quien quiere detener el tiempo y retroceder el video casete de cual pelí­cula era una humorada donde ella podí­a soñar con lo hermoso que serí­a, no un caminar de la mano ni jurarse amor eterno porque eso es superficial, sino poder hablar con los ojos, respirar latidos, sentir al igual que el otro…

-¿Puedo pedirte un favor?

í‰l sonrió nervioso, titubeante y captando distractores para no observar directamente los ojos de quien hací­a la propuesta.

-Depende de qué estemos hablando- nadie quitaba la sonrisa de sus labios ante lo inquieto que estaba.

-No desaparezcas de mi vida- sin más rodeos, sin pendientes y mirando a sus ojos con el corazón temblando, sudando ya no podí­a echar pie atrás.

-Puedo no tenerte en el dí­a a dí­a, puedo aguantar la angustia de no saber a ciencia cierta quien eres realmente y aferrarme a un ideal, conformándome con los minutos y miradas, intentando sacar de ti lo que no has dicho y robando como una astuta ladrona tu esencia en mi mente incluso conservando despojos de tu olor, sin embargo si desapareces y no tengo la certeza de verte pasar u obtener dos sí­labas de tu parte, morirí­a… Quiero tanto y me conformo con nada, no quiero tu cuerpo quiero tu alma.

Me sentí­ egoí­sta ante tantas peticiones y era la forma menos humillante de hacerle saber lo que estaba sintiendo, que al fin y al cabo pude haberme arrodillado a sus pies y haberlo abrazado llorando y suplicando “ne me quitte pas” pero no era preciso ni muy virtuoso. Me sentí­a despreciable a ratos, como quien quiere detener el tiempo y retroceder el video casete de cual pelí­cula era una humorada donde ella podí­a soñar con lo hermoso que serí­a, no un caminar de la mano ni jurarse amor eterno porque eso es superficial, sino poder hablar con los ojos, respirar latidos, sentir al igual que el otro, donde se pueda decir libremente “puedes contar conmigo y no hasta dos o hasta diez sino contar conmigo” ¿Qué era lo difí­cil de entender de todo eso? ¿Qué era lo imposible? ¿No me habrí­a explicado bien?

Algunas noches tendida en mí­ cama podí­a quedarme horas mirando el techo pensando en la mejor alternativa y claramente eran dos: vivir en la incertidumbre sin ser capaz a enfrentarme ni enfrentarlo,  visualizando hechos hipotéticos y continuar la vida sin saber nada de mi, nada de él. O directamente ir por respuestas esperando que ellas puedan ser dolorosas o alentadoras, aceptando las consecuencias de una u otra. En otras oportunidades en el mismo lugar trataba de dar explicación a lo que yo sentí­a y aceptarme drogadicta, de cual tratamiento fallé. Del año que empecé a consumir su energí­a me la he llevado un 60% aspirando de ella y un 40% tratando de rehabilitarme y siempre vuelvo a caer.

Por alguna razón inexplicable yo lo necesito, no para vivir, pero lo necesito. Quiero con toda mi alma ser parte activa de sus pensamientos y con esto no me refiero a que deseo que piense todo el dí­a en mí­, sino que si necesita algo, por simple que sea, piense en mí­. Es tan extraño sentirte tan atraí­da a una persona sin desearlo como lo tangible que es, no se puede explicar ni en estos momentos concretar.

Soy drogadicta, adicta a lo que él es.

Estados de ánimo

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