Inicio > Literatura > El viaje

El viaje

Miércoles, 19 de agosto de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios

 

¿Pasillo o ventanilla?
La miré a través deñ pequeño circulo que dejaba un vidrio impecable, y al toque le dije:
-Pasillo. Sin mirarme, y con voz chillona me desliza un papel.
-Señorita, su boleto…butaca 25, 23 hs, en 15 minutos, andén 17. Gracias.
Mi pesada mochila al buche del micro, unas galletitas, al mí­o antes de abordar el micro.

La corbata de los chóferes; ese “falo aplanado”, dirí­a un freudiano, recibiendo imperceptibles roces de sus pálidas yemas; me indican cuatro escalones. Pasillo en penumbras; 21…23…25. El mí­o por doce horas. Un suave y exquisito aroma a café inunda el ambiente.
Salimos.  Con mi brazo izquierdo ocupo buena parte del asiento 24. Hasta que un poncho negro del que emerge una barba tipo candado y una boina “al estilo del Che”, se acomoda junto a mi y su mirada se pierde en el andén.
Siento frí­o; el chofer habla de desperfectos en la calefacción. Y mi abrigo en la bódega…


A mi lado, el poncho rojo con una navaja, le hace un tajo…y me lo pasa  suavemente por mi cabeza.
Quiero agradecerle, no sé cómo, busco su mano. Me mira y me penetra con sus ojazos negros (¿Será Rasputí­n?). Y me sonrí­o…listo…conectados.
Mi corazón, si no fuera por el esternón y las costillas estarí­a rebotando contra el respaldo del asiento de adelante.
Siento su mano suave reptar por debajo de mi blusa, directo a mi arete derecho. De circulos delicados pasa a como contar billetes.
Claro, mis pezones se multiplican. Al izquierdo, sólo le basta el roce con la blusa.
Reclinados cabeza a cabeza, sosteniendo suspiros juego a ser libre. Sin prejuicios, sin preguntas, levitando.
Si me viera mi madre. Un poncho con dos cabezas. Abajo adrenalina…

A esta altura me siento húmeda, atrayendo al macho en celo.
El viaje recién empezaba. Solo el protector detuvo el avance del tsunami í­ntimo. Ya flotando en el camuflaje del poncho. Se esfumó la amarga abstinencia. El terciopelo de su piel imitaba a esa mano descendiente anciosa de descubrir el monte, la húmeda caverna y el timbre terso, delicado…
Embargados en la discusión en que el tiempo y el espacio desmaterializa los cuerpos, en ese instante fuimos uno en el universo infinito.

Daniel

Imagen: flickr/falutx`s

Categories: Literatura Tags:

  1. Sin trackbacks aún.