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Sin Temor

Lunes, 6 de julio de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios

 
Imitando a los grandes, intenta escribir su futura y aclamada obra compuesta de muchos relatos todos con historias de miseria y tristeza  ¿Por qué? Pues no sabe de opuestos relacionados con la bondad y belleza.
Pero eso no lo aleja de tener un momento máximo de felicidad, felicidad para él compuesta de su estado natural.
Hace años que vive en España, le gusta simplemente por el acento que acompaña a cada frase por muy banal que sea en toda mujer.
Es invitado a muchas partes con el fin de que modifique su condición de antisocial pero él consigo ya tiene suficiente con que lidiar, para empezar a hacerse cargo de genios ajenos, le provoca nauseas saber que si sale tendrá que ajustarse a protocolos que no conoce, él en su casa se tira pedos y camina en pelotas, toma y fuma, maldice cuando se le da la gana, duerme hasta que le duele la cabeza y despierta con sueño, quiere seguir durmiendo, pero sabe que si duerme no creará.

Revisa su billetera, cuenta las pesetas, tiene para comer por una semana, además de beber todos los dí­as, también le alcanza para hacer una llamada y contactar a Carmen.
Toma el auricular, marca el número de Carmen, sabe que a esa hora ella duerme. Le contestan pero no precisamente Carmen, es una voz de hombre, corta.
Se viste y decide salir.
Camina por la rambla y no hay gente en las calles, pero logra dar con un bar. Entra se sienta al final de una mesa, se le acerca un garzón con aspecto de ladrón y pide una cerveza con dos cortos de gí¼isqui.
Las pocas personas que quedan en el lugar son en su mayorí­a hombres, se ven débiles y borrachos, pero también divisa a una mujer que lo ha estado mirando desde que entró, él dirige su mirada con una intención clara hacia la mujer, ella le corresponde con una sonrisa, él alza su cerveza y a la distancia le hace el gesto de brindar, ella acepta y levanta su vaso, él con decisión y lujuria se levanta de su mesa y camina hacia ella.
El trayecto no es largo pero siente que tarda en llegar, a lo mejor no quiere estar con ella y sólo piensa en Carmen, pero Carmen lo está engañando en este mismo momento, ¿pero qué pasa no avanza? Ella no entiende lo que le sucede, aún espera, él se detiene gira y  regresa a su mesa, toma su primer corto y luego el segundo, da un largo sorbo a su cerveza y pone la botella en la mesa, se arregla los puños de la camisa y comienza a caminar nuevamente hacia ella.
Ya  frente a ella dice unas palabras, pregunta su nombre y da el suyo, quiere saber porque esta sola, y ella responde que es puta. Piensa en Carmen; la invita a su casa, toman un taxi, y van en busca de una botillerí­a, él compra un ron y más cigarros, se sube al taxi y se dirigen hacia la casa de él, mientras en el taxi ella manosea y aprieta su pene lo mira y besa, él ya la ama, Carmen ya no importa. í‰l responde a cada caricia de ella y también la besa, con drama.
En su casa se desvisten y hacen el amor, se la folla sobre su cama y también en la mesa
Se pone condón y le pide a ella que se entregue por atrás, ella accede pero no sin antes hacerle notar que la tarifa aumenta…él la embiste con furia, recuerda a Carmen y más velocidad le agrega a sus embestidas, ella se queja, le duele, a él no le importa sólo quiere ver al diablo, ella le suplica que pare, él ya no piensa sólo es falo y odio, ella intenta zafarse pero él con rapidez le asesta un puñete en pleno rostro, llantos y sangre coronan el show.
Ella se viste y va al baño, se limpia la sangre y llora, lo sabí­a, reconocí­a a los golpeadores y le tocó al más frustrado.
Ella se acerca con miedo, él está recostado bebiendo, ella le pide que por favor le pague y se irá, él recoge sus pantalones y saca su billetera le entrega tres billetes, ella los acepta y se va.
í‰l con la mirada perdida en la pared imagina a Carmen siendo golpeada en el rostro.
Ya no tiene palabras para engañarse y continuar en este mundo, ya no quiere ser materia; la mierda también es materia.
Toma el auricular y vuelve a marcar el número de Carmen, ya nadie contesta.
Cuelga.
 
La última que estaba dispuesta a entregarle ratos agradables fue la puta a la que golpeó, será la última que lo habrá visto con vida.
Deja de beber y pone agua a calentar. Hierve, se prepara un café, lee la Biblia, llora.
Se toma el café.
Ordena su casa, como nunca antes, limpia todos los rincones, limpia los vidrios y vací­a el refrigerador, elige sus libros favoritos y los dedica a sus más cercanos, y el resto que se lo repartan, escribe una nota a su madre y a Carmen, su padre ya no vive.
Canta “Blowin in the wind”; siempre le gusto esa canción.
Llena con una extraña convicción la bañera, se desnuda y duerme.
Durmió por dos horas, ya sabí­a que era tarde para cambiar las cosas, pero él ya no querí­a, sale de la bañera y se dirige a la cocina, elige su mejor cuchillo, era el único que tenia, un tenedor una cuchara una taza, pero nunca habí­a podido ser uno.
Vuelve a la bañera y mira sus muñecas, sus venas azules se veí­an claramente, mira la vena izquierda y sin dudarlo se infringe un corte en diagonal, con agilidad toma el cuchillo con su mano izquierda deshaciéndose en sangre y corta las venas derechas.
Se rí­e y  no piensa en mirar hacia adelante.
Nunca supo si fue real, pero de pronto Carmen lo miraba desde la puerta del baño, desnuda y con el rostro ensangrentado, devolviéndole sus billetes.

Eduardo Muñoz

Imagen: flickr.com/photos/sancho-odel

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