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Deslimitando lo liminal

Viernes, 8 de mayo de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios

 

En aquel manifiesto sereno hubo un grito que hizo ruido. í‰l le habí­a dicho que no querí­a que fuera una maraña de pronunciamientos que se encerraban en ésa relación entre hepática y romántica. Sino un fluir de palabras que se encontraran fácilmente en el alba o en el crepúsculo o a cualquier hora y no se trata sólo de fonética, incluye también silencios.
Entendí­ claramente esa clasificación, distinción, ordenamiento. Lo que es por lo que no es, un animal porque no tiene cultura; un decir soberbio de nuestra cultura.

 

 

 

Una emoción que no alcanza a ser un sentimiento ¿qué es? ahí­ yo me siento vací­a de nociones, cero a la izquierda, sin diccionarios posibles, oblicuada en las mismas palabras que me dan palabras que dejan de decirme cosas, porque de tanto decir y reducir lo que dijo ya no es capaz de decir nada. Una cosa por la otra deja en el aire un misticismo interrogante de qué serí­a o hubiese sido, y por la maldita costumbre de encontrarle a todo un sentido que nos lleve a un concepto y a una concepción y ésa cadena interminable de valores que a raí­z de eso saldrán.
í‰sa libertad y a la vez autoridad de simbolizar nos da el aire y nos lo quita, ahogándonos de conceptos, sumergidos en esas totalizantes familias que homogeinizan gustos, placeres, deberes.
Hay una abstracción en el medio que no precisa de tantos conceptos, de tantas aclaraciones y distinciones. Juega en el aire de la atención de quien envuelto en el proceso capta lo intrí­nseco del asunto, llegando a lo medular sólo con el pensamiento y sin tanto orden y reorden. Hasta puede que sea capaz de encontrarse sin tanto paradigma de por medio si al fin y al cabo es lo que estamos denunciando.
Claramente entiendo lo infructuoso del asunto, y el buen escape a esa escafandra que en vez de protegerte te inunda de vicios. Talvez lo cierto es, encontrar en estos tiempos, en este bombardeo de imágenes, palabras, sí­mbolos, dibujos, fotos que son todo a la vez y que reducen a nada por la costumbre perversa y falaz de nombrar todo en grupos, que luego serán fácilmente números; es ahí­, creo, el lugar propicio donde uno debe detenerse, hacer caso omiso, quedarse al borde mientras todo sucede y saber que hay un detalle en la vida, que te da vueltas 360 grados, hay un otro que a los 180 grados te encuentra y que pretendes y cultivas. Entonces, sigues girando y vuelves a ti, sano, limpio y renovado.

Imagen: flickr.com/photos/merceblanco

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