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Los dados eternos

Jueves, 23 de abril de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios

Dios mí­o, estoy llorando el ser que vivo;
me pesa haber tomádote tu pan;
pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado:
tú no tienes Marí­as que se van!

Dios mí­o, si tú hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios;
pero tú, que estuviste siempre bien,
no sientes nada de tu creación.
Y el hombre sí­ te sufre: el Dios es él!

Hoy que en mis ojos brujos hay candelas,
como en un condenado,
Dios mí­o, prenderás todas tus velas,
y jugaremos con el viejo dado…
Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte
del universo todo,
surgirán las ojeras de la Muerte,
como dos ases fúnebres de lodo.

Dios mí­o, y esta noche sorda, oscura,
ya no podrás jugar, porque la Tierra
es un dado roí­do y ya redondo
a fuerza de rodar a la aventura,
que no puede parar sino en un hueco,
en el hueco de inmensa sepultura.

“Los dados eternos” – César Vallejo
Imagen: (CC: BY-SA) clurichaun / Flickr


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