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Café Interrumpido

Sábado, 11 de abril de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios

- ¿Qué fue eso? ¿Quién es él?

- La iteración de un sueño, la vuelta a empezar. Yo, en la conciencia del sin futuro, él en la expectativa de la ilusión que nunca fue, y que en realidad jamás será. í‰l y los 4 hijos que siempre dijo que tendrí­amos, rubios, crespos, de ojos claros. Y esta vez yo, como nunca antes, le diré que no, que no hay en mis planes cuatro hijos, que ya nada es como hace exactos 10 años atrás.

Y él llegará a mi casa, tal como lo hizo en aquella ocasión, y me pedirá fuego para el cigarro que probablemente no alcancemos a terminar antes de que las ganas puedan más. Y me dará un beso, exactamente igual al que me dio 10 años atrás, tan dulce, tan dolorosamente inolvidable, que me hará pensar en todo el tiempo perdido sin él, pero en el fondo sé que sólo será una falacia.

Y haremos cosas que nunca antes habí­amos hecho, pero con la horrenda certeza de ya haberlas hecho un millón de veces antes, y nos reiremos de eso, de la confianza no perdida, de la conciencia de un pasado que no fue, pero que se siente (sí­, se siente) tan real como si hubiera acaecido, entonces llegará el momento en el que mi orgasmo no llegue, y él se sentirá mal por eso, y yo lo fingiré sólo para reafirmar su hombrí­a, ¡Quién sabe! En una de esas reafirmándola consigo sentir algo, y llegará su orgasmo, la eyaculación exultante de haberlo conseguido, con 10 años de retraso, pero conseguido al fin y al cabo, con sabor a victoria para él… amarga derrota, constatación de soledad para mi…

Y susurrará palabras tiernas a mis oí­dos, palabras que hoy ya no tienen significado alguno para mí­, salvo crear la convicción que no debí­ haberme acostado con él, que como siempre fui egoí­sta, nuevamente lo relegaré al olvido, lo obligaré a perseguirme sólo para recibir un no tras otro. Y me odiará por eso, pero más importante aún, yo me odiaré por ello, porque después de todo él era solo un niño herido, un niño de aquellos que se aferran a la pollera de su madre, sollozando por el abandono.

Y nuevamente lo dejé así­, solo para vivir -aun que sea por un instante- el pasado que no fue y que siempre supe no debí­a ser, ¡Qué imbécil! Aun a sabiendas de todo esto mañana estaré sentada en el antejardí­n de mi casa, esperándolo con el fuego dispuesto a encender ese cigarro que no debiera ser… eso fue, eso significó ese beso espontáneo… ¿Y tú? ¿Qué cuentas?.


Minerva.


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