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Diario de Muerte

Miércoles, 1 de abril de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios

Como si el sueño fuera escrito en estrofas regulares
cada nocturno despertar significa
el reacomodarse del cuerpo en su idea fija: que el enemigo monta guardia en él
sin pegar una sola pestaña
dueño y señor de la ciudadela tomada

(Como si el sueño fuera escrito…)

Diario de muerte es un testimonio estremecedor. Desde su primera página cae sobre nosotros una verdad insoslayable: el autor desfallece e inapelablemente, ya sea con rabia, aceptación o tristeza, morirá.

Un libro que jamás viera Enrique Lihn en vida nos enfrenta a un poeta desahuciado pero lúcido en toda la gran medida que sus fuerzas y el propio dolor se lo permitieron. El poemario no fue escrito para editarlo. Lihn solo escribió estos poemas en un cuaderno, quizá un único compañero en aquél trance hacia la muerte.

Los poemas que componen el libro van siguiendo las reflexiones de un hombre que la ve aproximarse sin pudores y que desde esta óptica mira a la vez al pasado y al futuro. Diario de Muerte, leí­do como el último acercamiento de lo imaginario al misterio existencial que significa la muerte, implica el arribo a un estado al que los poetas anteriores no habí­an llegado.

Desde su lecho, Lihn ajusta cuentas y revisa con un ánimo inexorable los grandes momentos de su vida. En esa revisión, su obra anterior de toma un lugar preeminente.

porque escribí­, porque escribí­ estoy vivo

escribirí­a en la Musiquilla de las Pobres Esferas, una suerte de manifiesto. Pero ya no más. Desde Diario de Muerte, algunos de los temas y de las imágenes de esa poesí­a toman otras dimensiones, otros valores, incluso hasta destruir su sentido previo, hasta su negación.

Así­, la misma que daba vida, en el libro de 1989 deviene muerte. Su cercaní­a arrastra a la poesí­a hacia un último cuestionamiento, demoledor y radical.

Como leyera en un estudio “Esta afirmación (…) se vuelve más inquietante al ser enunciada desde el territorio limí­trofe de Diario de Muerte: la poesí­a deviene la muerte, se disfraza, y su disfraz son las palabras que ocultan un vací­o. De la misma manera, la muerte, el vací­o por excelencia, se ha disfrazado con las figuraciones, las máscaras que el poeta ha fabricado para ella”. Tanto la poesí­a como la muerte se han sido acercando hasta no distinguirse. He allí­ que una terrible incertidumbre nos hace temblar: “no sabemos bien si el silencio de la escritura es el correlato de la vida que se acaba o si, por el contrario, el término de la vida es el correlato del silencio de la poesí­a”.

A través de Lihn la poesí­a misma se vuelve un cuerpo agonizante: un cuerpo que nos habla de otro cuerpo, y ambos saben que morirán.

“DIARIO DE MUERTE”
Enrique Lihn
Editorial Universitaria
ISBN: 956-11-0709-0

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