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Simplemente Radiohead

Lunes, 30 de marzo de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios

Pasó la euforia. La gira mundial de Radiohead terminó. Para casi los 25.000 fanáticos que llegamos el viernes a la Pista Atlética del Estadio Nacional de Chile no era sólo el último de la gira con que Radiohead promocionó su último disco: era el concierto más especial, el primero anunciado y que se agotó en pocos dí­as, el que esperamos por años.

Y efectivamente fue especial.

Con el sonido pasó algo que pocas veces se puede apreciar en un show en vivo. Bastará decir que podí­a distinguirse con una nitidez poco frecuente a pesar de las complejidades de cada composición y la cantidad de diversos instrumentos usados.

Por su parte el precioso escenario estuvo decorado de una ambiciosa escenografí­a integrada por un enorme fondo de LEDs que proyectaba imágenes del grupo, varias hileras de tubos lumí­nicos que colgaban desde techo hasta la altura de los músicos, todos artefactos que cambiaban de colores según el clima requerido por cada canción formando un ambiente único, desde lo más intimista hasta lisa y llanamente el desenfreno en temas como “Idioteque”. Un complemento perfecto para la música.

Pero no todo podí­a ser perfecto. La organización a mi entender quedó muy en deuda. Me parece vejatorio escuchar que mucha gente pagó su entrada y no lo disfrutó. Personas que pagaron cerca de $80.000.- por una entrada Fundadores Premium y terminan sentándose en un mecano; o lo pobremente ubicada que se encontraba la gente en cancha, que en muchos casos vio poco y nada. Queda clarí­simo que la pista atlética NO era en ningún caso el lugar adecuado para este espectáculo, y ello no es sino responsabilidad directa de los organizadores. Como dice la gente de POTQ.CL, “realmente este recital hace tiempo que era un éxito, y eso da un relajo y una seguridad que gatilla la despreocupación por puntos tan importantes como una planificación profesional que permita coordinar todos los puntos y por sobre todo que asegure un respeto absoluto al consumidor.” Me sumo a la crí­tica: que desagrado más grande tener que disfrutar de Radiohead en tu paí­s en un lugar tan lamentable.

Pero lo relevante es el concierto y en ese sentido puedo decir simplemente que el recital fue una maravilla.

Ya en el inicio fue distinto: lo que en el resto de la gira habí­a sido un final generoso aquí­ fue un punto de partida, un pequeño presagio de que lo que estaba por venir. Subí­a Radiohead al escenario y comenzaba a sonar una melodí­a hermosa, triste y perdedora, una que todos llevamos por las calles: “Creep”, quizás su tema más masivo, aquél por el cual muchos fueron a ver a Thom Yorke y compañí­a, pero sólo una canción más para sus más acérrimos seguidores y la propia banda. Terminar la gira con aquél tema quizá no hubiera sido tan significativo. Y no lo hicieron. El cierre con el abanico de sensaciones que conlleva “Paranoid android” fue impagable.

“Street spirit”, “No surprises”, “Exit Music (For a Film)” incluso el guiño a R.E.M. con “The one I love” como introducción para “Everything in its right place” también fueron gratas y muy sensibles sorpresas. Se trató de un setlist distinto al de todas sus presentaciones y en cierta forma ajeno aunque estelarizado por la presencia de “In Ranibows”, en donde sacaron a relucir lo mejor de sus otros discos fundamentales “Ok Computer”, “Kid A”, “Amnesiac” y “Hail To The Thief”.

Lo de las canciones es para nunca terminar. He de reconocer que en mi fuero interno eché de menos uno que otro tema, pero reclamar por ello me parece un despropósito: para que a Radiohead no le falten canciones buenas que tocar tendrí­an que hacer un espectáculo por mucho mayor a las fugaces 2 horas y media que duró el concierto. Ello es indiscutible.

Como fan acérrimo puedo decir que lo de Radiohead fue algo por años esperado, soñado, tramado, imaginado: tuvieron que pasar más de 16 años para que se presentaran en Sudamérica, y la espera valió cada momento. Los que tuvieron la fortuna de ir seguramente tendrán en la retina haber participado en algo que quizás no se repita nunca más.


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