Inicio > Opinión, Producción Original > Educación en tabletas (30 comprimidos)

Educación en tabletas (30 comprimidos)

Viernes, 27 de marzo de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios

Llegué a mi casa a revisar el contrato vigente
de mi bronca inherente con la casa de estudios,
sólo cifras de mensualidades y lí­mites de pago,
condenas y estragos si falto a sus verdades,
cantidades de artilugios para hacerme un buen cliente,
de esos que se van conformes y no vuelven a cambiar la mercancí­a.

En ninguna parte del documento encontré un ápice de palabra
que me garantizara que no jugarí­an con mi tiempo,
que no tendrí­a que compartir aula con bototos,
o bancarme horas docentes al mando de un mandril.

Fue una fórmula hexadecimal compuesta,
un acertijo cabrón, una paradoja inhumana
tantas soluciones como huesos enterrados
en las arenas de Cartagena,
tantos supuestos como puestos con productos chinos
en feria navideña.

“Solo estoy pidiendo que cuenten cabezas y patas.”

Vociferaba la soberbia y el gesticular disimulaba,
un tartamudo habrí­a logrado mejor el trabalenguas;
comencé a perseguir la verdad,
como a mis cinco años
como cuando aún tení­a ganas de cambiar el mundo.

Analicé mi entorno, y vi que estaba solo,
solo como febrero santiaguino;
persona singular presente subjuntivo
en zona sin retorno de un caldo de cultivo.

Como un afuerino que buscaba su sitio
alcé mis dedos reclamando mi derecho,
y el estrecho pensamiento de los años
chocó con los paños frí­os de mi lápiz.

“Me faltan datos. Los resultados son infinitos.”

Llegué a mi casa a revisar el contrato vigente
de mi bronca inherente con la casa de estudios,
sólo cifras de mensualidades y lí­mites de pago,
condenas y estragos si falto a sus verdades,
cantidades de artilugios para hacerme un buen cliente,
de esos que se van conformes y no vuelven a cambiar la mercancí­a.

En ninguna parte del documento encontré un ápice de palabra
que me garantizara que no jugarí­an con mi tiempo,
que no tendrí­a que compartir aula con bototos,
o bancarme horas docentes al mando de un mandril.

La educación no es un negocio, es un pésimo buen negocio
casi tanto como ponerse de acuerdo con la competencia
para vender remedios caros.


  1. Sin trackbacks aún.