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Escudo de piedra, olvido del corazón

Sábado, 7 de febrero de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios
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Siempre nos invaden miles de cosas, miedos, fracasos, desaciertos…
Y estamos constantemente en ese juego pujante entre lo que quisimos ser y lo que finalmente resultó. Como todo en la vida se maneja de ésa forma, una cosa son los sueños y los planes y otra lo que en lo fáctico la realidad desmantela.
No recuerdo con exactitud cuántos dí­as al mes le dediqué, ni cuantos meses al año, ni minutos a esas horas, ni segundos de esas semanas que fueron de verdad crueles si se lo mira desde la contabilidad de las lágrimas y lo no redituable que me resultó todo aquel trastorno de sentir el desarraigo del olvido.

 

Pero también recuerdo con suma precisión y sin que la memoria me falle en nada, que jamás, -dije jamás y lo reitero- los besos y los abrazos han encontrado tan buena desembarcación cuando lo que se pretende es sentimiento y no llenar momentos para ver si de esa suerte y ensarta errada de mezclar la belleza estética con lo pasional para hacernos engañar al corazón y aplazarlo,  -porque mejor es no sentir que sentimos-, porque así­ a veces nos sentimos más vivos; y sin embargo es inocua la falacia y vací­a la emoción.
Hoy hablaba con él, ése que ni imagina lo que en su momento conformó dentro de mí­, y lo tení­a todo sumamente estudiado. Literalmente me dijo que por lo menos por un año no se permitirí­a ciertos encuentros amorosos, lo cual me hizo sospechar que nuestro azar no azaroso de encontrarnos fue única y exclusivamente porque cuenta con la barrera aquella de la distancia, entonces no tiene porque preocuparse, pues su racionalidad jamás dejarí­a que en este caso participara su lado pasional.
Y me dió pena su resaca de amor, porque no sabí­a a copas de más, sino a rancio…
Pena que nos cueste tanto el amor, el problema no es sentirlo, sino talvez  verse en la obligación de dejar de sentirlo…pero la vida es eso, y la invitación de sentir algo mejor es siempre lo que nos depara el sendero, (ver el vaso “medio lleno” dice el poeta, y tiene razón).
No espero que este grito desesperado cale ahora ya en el alma de aquel que sin escrúpulos se ha apropiado de su lado sentimental, lo dobló en mil partes pequeñitas y lo escondió allá en el fondo de su ser.
Debes admitir que jamás te sentiste más vivo como cuando tirabas piedritas en esa ventana, o esperabas ese llamado, ese encuentro… ¿para qué negarse?
Yo no lo aprendí­ hace tanto tiempo, como te decí­a más arriba, de esas miles de horas en esos meses de esas semanas…sumamente perturbada, porque el desamor confunde e intenta hacernos creer que lo mejor es exiliar el amor de nosotros. Sin embargo una cosa, tú no eres así­ y yo no estoy para esos cuentos de racionalidad pura donde reina el calculo y se pisan los versos.
A ver cuanto le dura…desde aquí­ te tomo el tiempo compañero; todo esto son pasos a superar. Sólo espero que no te olvides que eres gente, que eres de piel (que deberí­as agradecer que se te eriza), que el corazón bombea sangre y en el mismo proceso, si así­ lo permites, sentimiento también, y que de tu boca no sólo tragas comida y saliva, sino fluidos que adquieren a mayor emoción más sentimiento y que lo último es sútil y a la vez, vital.


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