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En tránsito

Martes, 3 de febrero de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios

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El sueño era algo así­â€¦ estaba en mi casa junto a mi madre, aunque no era exactamente mi casa, era como de playa, no muy grande, pero con mucha luz por sus grandes ventanales, la cuidad era pequeña, con mar y con un tráfico regular, con cerros, no tan pronunciados como los de Valparaí­so, algo así­ como Puerto Varas. Mi madre y yo estábamos impacientes, ya que  llegarí­as pronto y la conocerí­as, sabí­a que tu estadí­a serí­a muy corta, entonces tení­a que ser perfecta.


Cuando entraste a la casa con una gran mochila y una cara de cansancio, como de dí­as de viaje, espontáneamente sonreí­ste con muchí­sima naturalidad y claro, yo también. Luego  como un flash y ustedes compartí­an un café bien caliente y un buen cigarro (hací­a mucho frio), yo simplemente las admiraba desde el sofá. No sé cómo, pero la noche llegó muy rápido y era la hora de dormir, tení­a claro que al dí­a siguiente me irí­a sin despertarte ya que tendrí­a que trabajar, y al volver tú ya te habrí­as marchado. Entonces no podí­a dormir, los dos acostados, tapados hasta el cuello, sólo nos mirábamos y sonreí­amos mientras jugaba a peinarte con mis dedos, nos besábamos muy suavemente, como tí­midos niños, nuestro beso era tan familiar, como si toda la vida lo hubiésemos hecho así­â€¦Â 
Ya en la mañana, corrí­a para no salir tarde, ya que me habí­a quedado abrazándote, tomaba mi taza de café mientras me vestí­a sentado a los pies de la cama, sentí­a tantas ganas de volver ahí­ al verte dormir sonriente. En la oficina, no aguanté más tiempo y salí­ más temprano para ir a dejarte al barco, arribarí­as a media mañana, pero al volver, mi cama estaba extraordinariamente bien estirada, y sobre esta una nota escrita en una servilleta que decí­a: “Me fui al puerto, mi crucero sale a las 11 hrs. Un beso Catalina”.

 Como un acto reflejo mire mi reloj (a pesar de que nunca he tenido uno) y aún me quedaban 3 horas y medias para estar contigo, así­ que corrí­, corrí­ y corrí­ hasta el puerto, no era muy lejos, seis cuadras quizás, pero cuando subí­a al último muelle antes de entrar me encontraba con un candidato a concejal de mi comuna (Carlos Cruz-Coke) y su hermano Luciano (el actor), que no sé porque me conocí­an y bueno para no ser descortés los saludé mientras ambos me abrazaban como impidiéndome avanzar, me hablaban con tanto entusiasmo que no podí­a sacármelos, y luego pensé: si entro con ellos la gente se volverá loca por saludarlos, y apenas vuelvo a enfocar al horizonte, veo un tumulto de gente correr hacia nosotros…ví­ tu barco partir en aquel puerto que se desfiguraba en un mar de nostalgias y de cosas que no vivimos, en la ciudad que te despedí­a con la avenida que se ensanchaba y daba paso a tu partida y yo que imploraba y rogaba para que un taco te dejase atrapada en mi ciudad sin puerto.

Zen

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